
Son 212 los paradeportistas que participan en tres disciplinas deportivas en la final de los Juegos Intercolegiados 2026 “Generación de Campeones”
21/08/2026
La Voz del Deporte Antioqueño de Indeportes Antioquia, del sábado 22 de agosto de 2026, por la Emisora Cultural U. de A.
22/08/2026
Hay algo que la gente no piensa cuando ve salto alto: que en esa prueba todos los saltos, absolutamente todos, terminan con el atleta tirado de espaldas.
Los que pasan y los que no. La diferencia está arriba: si el listón se queda quieto, el atleta se levanta feliz. Si el listón cae detrás de él, y lo escucha caer, ese ruido seco no se olvida, y se levanta igual. Se sacude. Camina de vuelta a la marca. Y lo intenta otra vez.
Sara Michell Mosquera Domínguez se levantó muchas veces ese mediodía en Girardota.
La final de salto alto femenino juvenil empezó a las 11:42 de la mañana y terminó a las 12:50. Una hora y ocho minutos. Diez atletas inscritas. En el papel es una línea de planilla, pero en la pista es una jornada entera de calentar, esperar, acomodarse las zapatillas, correr en curva, despegar, caer, revisar si el listón sigue arriba y volver a empezar.
Sara Michell mide 1.68 metros y llevaba el número 53 en el pecho, sobre el uniforme verde y naranja de Apartadó.
Saltó 1.61 metros, nueve centímetros por encima de la segunda competidora. Oro.
Lo que pasa después del intento fallido
Cuando se le preguntó por eso (por lo de tumbar el listón, pararse y volver a intentarlo), no lo pintó bonito. “Es muy difícil”, dijo. “Porque cuando uno no lo pasa, a veces siente como que no lo va a lograr”.
Ahí está la parte que casi nadie cuenta. El pensamiento que aparece después del segundo intento fallido, cuando el cuerpo ya está cansado, la barra sigue en el mismo lugar y la cabeza empieza a hacer cuentas.
Sin embargo, la frase no se quedó ahí. Siguió así: “pero uno tiene que meterse en la mente de que sí lo va a lograr y que el esfuerzo que uno hace todos los días se ve reflejado para poder lograrlo”.
Y después, resumió su deporte en una sola línea: “aprender que cuando se esté abajo uno tiene que levantarse”. Por eso, su rutina antes de saltar era corta y ordenada: “primero pienso lo que voy a hacer y luego realizo el salto, para hacer las cosas bien y que todo salga de la mejor manera posible”.
La gente que cabe en un salto
Y cuando ya estaba en el aire, arqueada sobre el listón, en ese instante en que no hay nada que hacer sino confiar, la cabeza se le llenaba de gente: “mi familia y en todas las personas que me apoyan”.
La lista de esa gente se la sabe de memoria. Su mamá, Deyanira Domínguez, y su tía, Yoleida, así como su hermano Rosmán, su primo Jerlin, su papá, el entrenador y los compañeros. Nadie salta solo.
Tres pruebas, tres medallas
El oro del salto alto no fue lo único que se llevó de estos Juegos.
En los 100 metros vallas de su categoría también se colgó el oro, con 15.8 segundos. Y en salto triple fue plata, con 11.31 metros. Tres pruebas distintas: una de vuelo vertical, una de velocidad con obstáculos de por medio y otra de ritmo y explosión horizontal. Tres medallas. Dos doradas.
Del atletismo hablaba como quien habla de un lugar donde se está a gusto. Le gusta competir, mencionó, y le gusta especialmente “sentirse apoyado por las personas que vienen a ver y los rivales”.
Por los competidores. Así, tal cual, incluidos en la lista de los que la sostienen. Del salto alto le atrae justamente eso: “tras de que hay rivales fuertes, es muy bueno toda la prueba”.
El sueño tiene dirección
“Siento una felicidad muy grande, porque es un orgullo para mí y para todas las personas que me apoyan, saber que lo estoy logrando y que todo este esfuerzo de todos los días, se está viendo reflejado y se está haciendo realidad el sueño”, expresó.
El sueño, dicho por ella, tiene direcciones bien claras: “llegar a unos Juegos Olímpicos, una Liga Diamante y llegar a lo más alto”.
Sara tiene 15 años y cursa décimo grado en la Institución Educativa Alfonso López, en Apartadó.
En la foto que quedó de esa jornada aparece sonriendo, con el 53 todavía pegado al lado de su corazón y los dos índices levantados hacia arriba. Hacia donde estaba el listón.
Por Andrés Esteban Marín Marín – Indeportes Antioquia.





