Trenzas largas, pies descalzos y un grito de victoria: así ganó Isabella Hernández Lemus en Entrerríos

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  • Con 14 años, largas trenzas y el número 748 en el pecho, la atleta de El Bagre se destacó en la velocidad en el subregional del Norte y Bajo Cauca de los Juegos Deportivos Departamentales de Antioquia 2026 “Juego de Todos”, en Entrerríos. Detrás de sus dos victorias hubo siete años de entrenamiento que empezaron con sacrificios.

Antes de la partida, Isabella Hernández Lemus apoyó las manos sobre el cemento y esperó. No tenía zapatillas. Había decidido correr descalza, con la planta de los pies pegada al suelo y el número 748 sujeto con ganchos a la camiseta de El Bagre. Sus trenzas, largas y apretadas, le caían sobre la espalda.

Era la final de los 150 metros planos de la categoría de 12 a 14 años. Apenas una hora antes, en la semifinal, había detenido el cronómetro en 20.2 segundos, el mejor registro entre las diez corredoras que se presentaron. Llegó, entonces, como la rival que todas querían alcanzar.

Un grito en la línea de meta

Cuando dieron la salida, las trenzas se sacudieron con el primer impulso. Isabella corrió la curva con la cabeza firme y entró en la recta con la zancada larga. No miró a los lados. Cruzó la meta en 20.3 segundos, un segundo completo por delante de la segunda, y soltó un grito de victoria que se escuchó en todo el escenario.

No alcanzó a recuperar el aire. Sus compañeros salieron a buscarla y la rodearon en un abrazo apretado. La celebración fue doble para la delegación de El Bagre: la plata también quedó en casa, con Sherys Andrea Torres Acevedo, que marcó 21.3. El bronce fue para Sofía Cano Lucas, de Caucasia, con 21.4.

Siete años de amor por el atletismo

Isabella tiene 14 años y curso el grado noveno en la Institución Educativa El Bagre. Lleva siete años en el atletismo, la mitad de su vida. Contó que, cuando era muy pequeña, le repetían que se metiera en ese deporte, aunque ella no sabía muy bien de qué se trataba. Empezó a entrenar vestida con la ropa que usaba para estar en casa.

Desde entonces la acompaña un grupo de entrenadores. Le repetían que no se llenara la cabeza de pensamientos negativos, que era capaz y que la disciplina haría el resto. “Los nervios te consumen y eso es lo que no te deja avanzar”, recordó que le decían.

Cuando se le preguntó por qué le gustaba el atletismo, la voz le tembló. La velocista que minutos antes había gritado en la meta tuvo que tomarse un instante para responder. Dijo que era un “deporte que dejaba muchas experiencias, que aprendía de los errores, que uno se caía y se volvía a levantar”. Y que se sentía muy bien corriendo.

Del calor del Bajo Cauca a la altura de la montaña

Para una atleta que creció a orillas del río Nechí, en tierra caliente, competir en el altiplano del Norte antioqueño, a más de 2.300 metros sobre el nivel del mar, no fue sencillo. Isabella lo reconoció: la altura pesaba y la competencia era mucha. Aun así, aseguró que en los zonales siempre le iba bien y que “en las finales departamentales ya había alcanzado un primer y un tercer puesto”.

En Entrerríos, además de los 150 metros, se quedó con los 80 metros planos. En la primera jornada clasificó a la final con 11.0 segundos y, en la definición, bajó su marca a 10.6.

Con dos primeros lugares en la maleta, Isabella habló de lo que quería para su futuro: seguir entrenando hasta convertirse en atleta profesional. También dejó una lección aprendida en la pista. “Si alguien de otro municipio te dice que eres mala o que no corres, no le pares bolas, enfócate en tu carrera, confía en ti y confía en Dios”, dijo.

Y para quienes la seguían desde su pueblo, un último mensaje: “que si perdían una carrera, siguieran entrenando y no se rindieran, porque de los errores también se aprende”.

Por Andrés Esteban Marín Marín – Indeportes Antioquia.