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La meta estaba puesta en una calle larga, la que pasa entre el Coliseo Municipal y la cancha de fútbol, esa misma donde queda la pista de atletismo. Por ahí salían y por ahí volvían, veinte veces.
En ese pedazo de asfalto estaban dos personas que no se movieron en toda la mañana.
Sor Nancy Moreno Marulanda levantaba el celular cada vez que pasaba el pelotón y grababa. Grababa y gritaba al mismo tiempo. Javier Hernán Múnera Gómez estaba al lado, con las caramañolas en la mano, calculando cuándo el muchacho iba a necesitar agua.
El muchacho era Juan José Múnera Moreno y tiene 16 años. En la competencia, con dorsal 18, casco verde que por momentos se percibía amarillo y maillot negro y naranja de Barbosa.
El circuito tenía repechos
Cuarenta kilómetros. Veinte vueltas al circuito por las calles de Girardota, la primera de reconocimiento. Cincuenta y cuatro ciclistas.
Y un trazado que no perdonaba desconcentraciones: bajadas con curvas donde había que soltar el freno con criterio, y repechos cortos que gastaban piernas. “Una experiencia demasiado dura”, resumió él después. “¡Muy exigente!”, exclamó.
¿Por qué exigente? Su respuesta tuvo dos partes. Primero, los repechos. Y segundo, algo que dijo con el respeto de quien conoce el patio: que los rivales también eran duros, “unos gallos muy finos”.
En esas subidas se le vio bien. Subía suelto y sin gestos de más. Es escalador y se le nota.
Los cinco meses sin bicicleta
Hay algo que conviene saber antes de contar el final.
Juan José llevaba tres años largos en el ciclismo, pero el año pasado se accidentó y estuvo casi cinco meses sin montar. En un deporte donde una semana quieto ya se siente en las piernas, cinco meses es una eternidad.
Volvió a rodar en septiembre. Desde entonces no ha parado.
Su mamá lo cuenta de otra manera, con el orgullo de ver la disciplina de su muchacho: que “llega del colegio todos los días a las seis de la tarde, busca la bicicleta y sale a entrenar”. Todos los días, cuando ya se está acabando la luz del sol.
Tres vueltas, dos y una
Faltando tres vueltas, la carrera se le puso cuesta arriba de verdad.
Uno de sus rivales se le había ido adelante y pasó por el sitio de meta con una luz clara de ventaja. Se veía la distancia. Sor Nancy seguía grabando.
Lo que pasaba adentro del muchacho lo contó él mismo, sin tapujos: “cuando él me atacaba, siempre le pedía a Dios que me ayudara a cogerlo y a seguir adelante”.
Faltando dos vueltas, lo alcanzó.
Faltando una, en un repecho, justo ahí, en la parte del circuito que había estado castigando a todo el mundo durante hora y cuarto, atacó él.
“Ahí sí le pude atacar”, dijo. “Y ya me vine solito”.
Un segundo
Cruzó la meta y pegó un grito. Pero conviene mirar la planilla, porque el papel cuenta algo que a simple vista no se alcanza a medir. Juan José Múnera Moreno paró el cronómetro en 1:21:16. El segundo, Michael Orozco Aristizábal, de El Carmen de Viboral, en 1:21:17.
Él lo sintió venir: “Michael ya me iba a alcanzar, pero pues pude llegar acá”. El tercero, Miguel Paredes Echeverri, de Rionegro, entró a 53 segundos.
Y después de la meta pasó lo que pasa cuando uno tiene 16 años.
Los primeros en llegar fueron sus amigos. Lo rodearon, lo abrazaron encima de la bicicleta y ni siquiera lo dejaron bajarse. Los papás tuvieron que esperar su turno.
“Sin ellos no creo que podría estar aquí en el podio”, indicó él cuando le preguntaron por sus padres. Y sin dudarlo dedicó la medalla a sus papás y a los amigos del colegio.
La mamá que salió a buscar dónde
Hay un detalle que explica por qué un muchacho de Barbosa ganó en Girardota vestido de Barbosa, pero formado en Girardota.
Juan José estudia en Barbosa, en la Institución Educativa Presbítero Luis Eduardo Pérez Molina, donde cursa décimo grado. Pero pertenece al semillero de ciclismo del Inder Girardota.
¿Por qué allá? Porque su mamá salió a buscar dónde le enseñaban a montar “bici” cerca de su casa y ese fue el único lugar que encontró.
Es algo que no se dimensiona: alguien que averigua, que pregunta, que se mueve de municipio, que resuelve el transporte y los horarios para que un niño pueda subirse a una bicicleta.
También cocina
Hay otra cosa que Juan José no contó en la entrevista y que su mamá sí, con el orgullo intacto: fuera del colegio, cursa una media técnica en gastronomía. Y prepara, dijo ella, “un pollo exquisito”.
Vale la pena frenar un momento, porque cocinar y montar en bicicleta, aunque son actividades distintas, se parecen en algo.
Cocinar bien es cuestión de tiempos. Saber cuándo aumentar el fuego y cuándo agregar algún ingrediente. No abrir la olla antes de tiempo. Aguantar.
Eso fue exactamente lo que hizo en las últimas tres vueltas: no se desesperó cuando lo vio irse, sostuvo el ritmo, esperó el repecho correcto y solo entonces subió el fuego.
Europa queda lejos y él lo sabe
Al final, habló de sus metas y no se anduvo con rodeos: “llegar a Europa y ganar algún día una vuelta del World Tour”.
Es un sueño dicho por un muchacho de 16 años en una calle de Girardota. Pero conviene recordar que en Antioquia ese deseo ya se ha cumplido muchas veces, y que todos los que lo lograron empezaron en un circuito de pueblo, con los papás gritando en la meta.
Fue su primera victoria grande. Lo dijo él mismo, y lo dijo bien: “esta es la primera de muchas”..
Por Andrés Esteban Marín Marín – Indeportes Antioquia.





