
Girardota apagará este domingo 23 el fuego deportivo de la final departamental de los Intercolegiados 2026 – “Generación de Campeones”
22/08/2026
Durante tres días, en la pista de patinaje de Girardota, hubo un entrenador que no se perdió ningún detalle de la final departamental de los Juegos Intercolegiados 2026 – “Generación de Campeones”. Llevaba gorra negra por el sol, que allá pega sin permiso. Las gafas de patinador encima. Una tula gris a la espalda, una riñonera en la cintura y un cronómetro colgado del cuello. En la camiseta azul con negro, sobre el escudo de su municipio, dos palabras: David y Amagá.
Los muchachos lo llamaban profe David.
David Vásquez Correa tiene 26 años y llegó desde Amagá, Suroeste antioqueño, con cuatro patinadores: Isabella Montaño Cano, Manuela Zuluaga Ríos, María del Mar Sánchez Palacio y Miguel Ángel Zapata Zapata. Dos mujeres en velocidad, una en fondo y un hombre que hacía las dos cosas.
No es una delegación grande. Por eso se alcanzaba a ver todo lo que hacía con cada uno.
Cronómetro en mano
Esa mañana, las primeras pruebas fueron las de velocidad.
Ahí, al borde de la pista, el profe David tomaba tiempos. Los de sus patinadores y los de los rivales también. Le daba a los botones rojos, miraba la pantalla, guardaba el dato en su cabeza y volvía a mirar la curva.
Entre prueba y prueba hacía lo otro: ubicaba los números, alentaba desde la baranda y, al final, la palmada en el hombro.
“Nunca dejo a mis deportistas solos”, explicó después. “Incluso para poner un simple número me doy el tiempo de decirles las palabras necesarias para competir. Como entrenador estoy de inicio, centro y fin”, indicó.
“Inicio, centro y fin”. Vale la pena quedarse con esas tres palabras, porque ese mismo día se le vieron las tres.
El agua en la espalda
Miguel Ángel Zapata corrió primero los 200 metros meta contra meta. El tiempo no le alcanzó para avanzar. Salió de la pista triste y con lágrimas en los ojos.
Lo que vino después no duró mucho, pero fue el centro de todo. El profe David lo abrazó y le habló. No con el discurso del entrenador que reprocha, sino con el del que ya estuvo ahí. Le insistió en que no se quedara con esa carrera, en que faltaba la prueba de fondo y en que la corriera relajado, sin el peso de lo anterior encima.
Y le echó agua en la espalda. Para refrescarlo, para bajarle la temperatura al cuerpo y de paso a la cabeza.
Cuando se le preguntó cómo maneja esos momentos, la respuesta fue exactamente lo que se había visto: “lo que trato de hacer es pasarme de ser entrenador a deportista, ponerme al lado de ellos y hablarles como deportista. Yo también viví este deporte”.
Y agregó algo que lo explica todo: “no se deje vencer por el miedo, no se me frustre, si usted está hoy aquí es porque usted es el mejor”.
Esa palabra, frustrarse, le sale a menudo. Es contra eso que trabaja.
De rodillas, poniendo un número
Miguel Ángel aceptó el reto. Y se alistó para los 10.000 metros eliminación.
Antes de la salida, el profe David le habló de estrategia (dónde ubicarse y cuándo aguantar) y también de lo otro, de lo que motiva. Y después se arrodilló en el piso caliente para ayudarle a acomodar el número en la pierna.
Ahí está la imagen que refleja muchas cosas: un entrenador de rodillas frente a un muchacho, ajustándole un número.
Empezó la carrera y él se quedó al costado, dándole indicaciones vuelta tras vuelta.
El primer abrazo
A mitad de prueba, en una de las curvas, Miguel Ángel se cayó. Quedó eliminado.
No hubo raspaduras. Se levantó y salió de la pista. Y el primer abrazo, otra vez, fue para el profe David.
“Ustedes están hoy aquí tratando de conseguirse una medalla y un primer puesto, o un segundo o un tercero, pero eso no los identifica como deportistas, los identifica como campeones desde el momento en que están compitiendo. Nunca se nieguen a seguir compitiendo”, expresó.
Veintiséis años y varios deportes
La experiencia del profe David no se improvisa. Patina desde los tres años.
A los diez empezó voleibol y todavía lo juega, con la selección de Amagá. Es árbitro nacional de voleibol. Y también arbitra fútbol, con la Corporación Arbitral, Social y Deportiva de Antioquia (CASDA).
Es decir, a sus 26 años ha estado en los tres lados posibles de una competencia. El que compite, el que dirige y el que juzga.
“Es un progreso que me ha tomado años”, dijo, con el reflejo del camino recorrido. “Hasta el día de hoy me siento muy orgulloso de quién soy”, indicó.
Y esa experiencia, ¿cómo la transmite? Respondió de inmediato y sin dudarlo: “mostrándoles que las cosas se logran cuando uno les mete compromiso y se esfuerza todos los días hasta alcanzar la meta”.
También contó cuál es su parte favorita del trabajo, y no fueron las medallas: “esos momentos de felicidad que vivo con ellos son las risas. Cuando me cuentan sus historias, sus caídas, sus proyectos y sus metas”.
Se le preguntó, por último, qué esperaba que sus muchachos se llevaran de Girardota. Y manifestó: “espero que se lleven un gran proyecto de vida, que vean que este tipo de competencias no son fáciles, pero tampoco imposibles”.
El profe David no solo es entrenador sino formador, de esos que son maestros y convierten la pista en un salón de clases bajo el sol. Y siempre hay algo paternal en el modo en que se paran al lado de un muchacho que acaba de caerse.
Por Andrés Esteban Marín Marín – Indeportes Antioquia.





