
Por Herbert Martínez Restrepo – Indeportes Antioquia.
Ella solo sonríe y avanza, al ritmo de la música, dando saltitos con sus pies talla 28. El viento juguetea con ella delante de los jueces. Su cómplice es el aro de colores, que vuela por los aires y regresa enamorado a sus manos.
Hace figuras que lleva entrenando hace dos años, a razón de tres veces por semana. ¿Qué le da duro? “Los giros, porque me mareo”. Su papá la ve como doctora, pero ella sueña con ser gimnasta profesional.
La pequeña Silvia Marulanda tiene nueve años y está en el equipo de gimnasia rítmica de Guarne, en la final departamental de los Juegos Deportivos Intercolegiados.
Intentó enamorarse de la natación, pero el idilio le duró poquito porque “tragaba mucha agua”. Sale a competir feliz, aunque sus 22 kilos se llenan de nervios al ver los jueces, “yo me los aguanto”.
Vive en la vereda La Clara de Guarne, donde el frío envuelve el alma cada día, y de ñapa, regala la neblina.
Ella lo siente cuando se enfunda su diminuta trusa, pero le importa cinco. Por dentro lleva ese fuego interior que se enciende, cuando escucha los acordes y comienza a dar sus saltitos…