
La natación pone a prueba el talento de 44 municipios en la final departamental de los Intercolegiados 2026
16/08/2026
A las once y tres minutos de la mañana y bajo un sol inclemente, el listón estaba a un metro con ochenta centímetros del suelo. Exactamente a la altura de Santiago Giraldo Urueta, de Alejandría.
No es una figura literaria. Es un momento significativo que él mismo se encarga de mencionar, con esa mezcla de asombro y alegría de quien todavía no termina de creerse lo que acaba de pasar: “mido 1.80 metros aproximadamente y el día de hoy salté 1.80, que es mi propia altura”. Un muchacho de catorce años saltando por encima de sí mismo.
Hay un dato que conviene mirar dos veces. Esa misma mañana, más temprano, se había disputado la final de salto alto juvenil, la categoría de “los más grandes”, la de los muchachos de dieciséis y diecisiete. La ganó Diover Francisco Torres Bonilla, de Turbo, con 1.78. Es decir: el salto más alto de todo el día, en las dos categorías masculinas, lo hizo Santiago en la prejuvenil.
Hay un nombre que Santiago repite como quien reza: “tengo un compañero que se llama Tiago Misas, que fue el que más que todo me motivó a seguir adelante, a lograr eso y a ser una buena persona”,.
Lo bonito es esto: Misas también compitió en el mismo escenario. En la final juvenil, se colgó la plata con 1.75 metros. No es casualidad. Se trata de una cadena que funcionó: un amigo lo motivó, alguien lo siguió y luego voló.
Santiago jugaba fútbol, de defensa, a veces de lateral, y quería —dice— “hacer algo grande”. Y él lo entendió temprano: “vi que en el fútbol hay mucha competencia, así que decidí probar el atletismo porque mi altura me beneficiaba mucho”.
Al principio no lo tomó en serio. “Era como un juego porque estaba concentrado en el fútbol”. Por eso, hoy habla del atletismo como un gran conocedor en la materia: “me apasiona y me inspira a no coger vicios o caminos malos. Es algo que une y me ayuda a estar mejor”.
Se le pregunta qué piensa en esos segundos previos, cuando ya está en la marca y solo falta correr en curva y despegar. La respuesta no menciona técnica, ni ángulos, ni el arqueo de la espalda sobre el listón. “Pienso en que quiero lograr algo más grande, que debo hacerlo por mi entrenador, mi familia y por Dios. No estoy solo”, expresa.
El entrenador se llama Danilo Ceballos y, según Santiago, es “uno de los mejores”. Le enseñó una fórmula sin adornos: “si entrenas con disciplina, logras lo que quieres”.
Sus papás y hermana siempre lo apoyan. Vive en el sector La Bomba, cursa octavo grado en la Institución Educativa Procesa Delgado.
Cuando pasó el listón en 1.80, Santiago gritó. No fue un festejo ensayado ni un gesto para las cámaras. Fue el ruido que hace una promesa cuando por fin se cumple.
“El 1.80 fue algo que siempre quise lograr y hoy, gracias a Dios, lo cumplí. Voy a seguir adelante con esto”, exclama.
Y después vino la sonrisa. Esa que no se le borra. La que traía desde antes de saltar, la que mantuvo entre intento e intento. Una sonrisa que no es de triunfo sino de temperamento: está siempre, y se contagia.
Ahora estará en los escenarios nacionales. Y detrás, algo que hasta hace poco era apenas una idea rondando en su cabeza: “es una gran emoción vestir la camiseta de la Selección Antioquia, era otro de mis sueños. Y algún día espero lucir la de Colombia”.
Cuando le preguntan si ya puede decirse Selección Antioquia, responde sin titubear que sí. Y sobre el horizonte más lejano, el que todavía no tiene fecha: “mi sueño es llegar a un Panamericano o seguir más allá”.
Ese día en Girardota, en la final departamental de los Juegos Intercolegiados 2026 – «Generación de Campeones», un muchacho de Alejandría corrió en curva, se despegó del piso y pasó por encima de un listón puesto exactamente a la altura de su propio cuerpo. Nadie saltó más alto ese día.
Por Andrés Esteban Marín Marín – Indeportes Antioquia.





